
En memoria de Patricio Carvajal-2025
02/11/2025
Memoria Institucional 2024-2026
19/04/2026Club Monval
La salida de verano del Club Monval ya es una tradición. Cada año, las distintas ramas del club se reúnen para compartir naturaleza, deporte y amistad. Montaña, senderismo, kayak, rafting o bicicleta han sido parte de nuestras aventuras. En los últimos años, además, hemos incorporado un espacio de descanso posterior, entendiendo que tan importante como el desafío es también el momento de relajo.
Este 2026 no fue la excepción. Tras evaluar distintas alternativas, decidimos regresar al sur y enfrentar un nuevo reto: un trekking en el Parque Nacional privado Tagua-Tagua, un destino de acceso limitado y exigente, perfecto para nuestro espíritu monvalino.
La planificación
En octubre de 2025 comenzamos a organizarlo todo. Lo primero fue definir claramente el objetivo y asegurarnos de que todos estuviéramos alineados. Fijamos fechas, coordinamos alojamientos y logística. En esta etapa destacó Andrea, quien gestionó con eficacia tanto la entrada al parque como el lugar de descanso posterior.
Las fechas elegidas fueron del 7 al 15 de febrero de 2026. Los mayores viajamos en avión hasta Puerto Montt y arrendamos vehículo allí; los más jóvenes optaron por el bus, coordinándose con el auto de Mónica. Desde distintos puntos, pero con el mismo entusiasmo, iniciamos la aventura.
Primera parada: Los Canelos
El 7 de febrero llegamos a Puerto Montt y nos dirigimos a nuestra primera parada: “La Pica del Cóndor”, en Los Canelos, cerca de Puelo. Un lugar absolutamente recomendable. Nos recibió Rosita y su familia, haciéndonos sentir como en casa. Tras el largo viaje desde la V Región, un almuerzo casero fue el mejor regalo posible.
Cruzando el lago Tagua-Tagua
Al día siguiente tomamos el ferry desde Los Canelos hasta Puerto Maldonado. El pronóstico anunciaba mal tiempo, pero eso no disminuyó nuestro ánimo. Tras 40 minutos de navegación, caminamos 500 metros hasta abordar una lancha que nos llevaría a la entrada del parque.
La llegada fue espectacular: una cascada de unos 30 metros nos dio la bienvenida, con un arcoíris dibujado en su caída. Desembarcamos sobre una roca irregular que hizo las veces de muelle improvisado. El guardaparque nos dio las instrucciones y comenzó el ascenso.
Senderos prístinos, árboles milenarios cubiertos de musgo, enredaderas y un ambiente húmedo que recordaba a una selva fría nos acompañaron durante más de tres horas de subida constante. Verónica lideraba el grupo; Sandro cerraba la marcha. El canto del chucao y la presencia ocasional de bandurrias nos recordaban que éramos visitantes en un ecosistema intacto.
Llegamos al refugio cerca de las 14:00 horas. Un lugar sencillo pero acogedor, con colchonetas y pequeños cubículos para dormir. Frente a él, una laguna rodeada de antiguos alerces muertos en pie y, al fondo, un glaciar que ya conocíamos desde otra perspectiva. Conversando y recordando enseñanzas de Alex Gaona, reflexionamos sobre la desglaciación que modeló aquel paisaje hace milenios.
La tarde transcurrió entre descanso, juegos de cartas y conversaciones. Nos dormimos temprano, conscientes de que al día siguiente continuaríamos el ascenso.
Escaleras interminables y un susto
El segundo día subimos al refugio superior, a tres kilómetros de distancia, famoso por sus interminables escaleras de madera. El entorno parecía sacado de una película jurásica. Al llegar, compartimos víveres y exploramos miradores poco señalizados.
En uno de esos recorridos, un grito rompió la calma: Cony había sufrido la picadura de un insecto. La asistimos de inmediato. Tras un momento de preocupación, logramos estabilizar la situación y emprendimos el descenso con prudencia.
De regreso al refugio, Vero preparó unas lentejas memorables que nos devolvieron el alma al cuerpo. Esa noche nos acostamos atentos al pronóstico: lluvia intensa y posible cierre del puerto.
La bajada bajo la tormenta
Salimos temprano. A las 8:00 ya descendíamos bajo una lluvia persistente que, protegidos por el bosque, apenas nos alcanzaba… al principio. Poco a poco el sendero se convirtió en un entramado de pozas y pequeños riachuelos. Las primeras capas impermeables demostraron sus límites.
Llegamos al embarcadero a las 11:00. El bote apareció a las 12:30 con una noticia: sería el último viaje; el puerto cerraba. Cruzamos el lago entre olas agitadas y lluvia intensa, pero la embarcación respondió con firmeza.
De vuelta en Los Canelos, una ducha caliente y un plato de jabalí con vino celebraron nuestra pequeña victoria sobre el clima.
Rumbo a Hornopirén y las Termas del Fiordo Comau
Esa tarde viajamos hasta Hornopirén bajo fuerte lluvia. Secamos ropa junto a la salamandra gracias a un providencial cordel comprado en un curioso “mall chino” local.
Al día siguiente tomamos el ferry hacia Leptepu y luego una lancha por el Fiordo Comau hasta las termas. Nos recibió Ángel, anfitrión atento y culto. Las cabañas estaban preparadas y las piscinas termales nos esperaban frente al fiordo. Conversaciones profundas, bebidas junto al agua caliente y un asado impecable preparado por Francisco hicieron de esa noche un recuerdo imborrable. Nos acostamos cerca de las tres de la madrugada, después incluso de improvisar un pequeño baile.
Exploramos también la Cascada del Huiña y los Pozones, aunque estos últimos resultaron demasiado calientes para el baño. La soledad del entorno y la sencillez del lugar reforzaron la sensación de estar en un rincón remoto del mundo, mientras vane y cony decidieron seguir disfrutando de las aguas termales y posteriormente realizaron un paseo en Kayak, disfrutando de ambas actividades, pues también se avistaban delfines que algunos tuvieron la oportunidad de divisar.
El regreso
El retorno fue una secuencia ya conocida: lancha, ferry y carretera hasta Puelo. El 15 de febrero emprendimos la vuelta definitiva. Incluso el vuelo de regreso tuvo su cuota de imprevisto con un retraso, llegando a casa cerca de las 2:00 de la madrugada del día 16.
Cansados, mojados en momentos, pero profundamente satisfechos.
Participantes
- Verónica Toro (Vero)
- Vanessa Mella (Vane)
- Andrea Suazo (Andy)
- Constanza Coradines (Cony)
- Mónica Santiago (Moni)
- Helvia Cruz
- Francisco Ortega (Profe)
- Sandro Biso





